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La Despedagogización de la Educación Dominicana Preuniversitaria

Por: Profesor: Garibaldy de Jesús Bonilla Matías

La educación, entendida como un proceso formativo integral, enfrenta en la actualidad un fenómeno que amenaza con vaciarla de su esencia: la despedagogización. Este término, recogido por la Real Academia Española, alude a la pérdida del sentido humano, ético y crítico de la enseñanza, reduciéndola a un conjunto de procedimientos técnicos, burocráticos o meramente instrumentales.

En la República Dominicana, como en muchos países de América Latina, esta tendencia se hace cada vez más evidente. La relación pedagógica entre docente y estudiante, que debería ser el núcleo del proceso educativo, se diluye progresivamente. El estudiantado se convierte en un número o calificación, y la evaluación se transforma en una simple medición cuantitativa, en lugar de un acompañamiento continuo y formativo.

La despedagogización implica asumir que enseñar no requiere formación pedagógica, lo que conduce a la desvalorización de la profesión docente y al debilitamiento de la investigación científica en educación. De este modo, se reduce la escuela a un espacio de instrucción técnica, desconectado de la pedagogía como ciencia humanista que busca la formación integral de las personas.

Este vaciamiento pedagógico está asociado a enfoques mecanicistas, tecnocráticos y economicistas, respaldados muchas veces por estructuras estatales que priorizan lo administrativo sobre lo formativo. El Ministerio de Educación, las direcciones regionales y distritales, así como la extensa red de directores de centros, terminan imponiendo una lógica burocrática que deja en segundo plano lo esencial: la dignidad y el desarrollo humano de los estudiantes.

No obstante, la crítica a este proceso no es reciente. Paulo Freire, con su propuesta de superar la “educación bancaria” para dar paso a una pedagogía liberadora, advirtió tempranamente sobre los peligros de una enseñanza domesticadora. Eduardo Galeano, desde otro ángulo, denunció la inmediatez y superficialidad de programas educativos incapaces de responder a las necesidades reales de los pueblos latinoamericanos.

Otros pensadores también han aportado a esta reflexión: Yesenia Pateti Moreno observa cómo la escuela reduce al cuerpo a su dimensión biológica, ignorando la integralidad de la persona; María Alejandra Martínez Pamplona señala la reducción de la labor docente a simples tareas asistenciales o técnicas; Adriana Puiggrós advierte cómo las políticas neoliberales vacían la práctica pedagógica y la subordinan al mercado; y José Gimeno Sacristán analiza la despedagogización del currículo cuando este se limita a la transmisión estandarizada de contenidos.

Todo esto nos plantea un desafío urgente en la República Dominicana: rescatar la esencia de la pedagogía. Si la educación se limita a producir resultados inmediatos, medibles y cuantificables, pierde su carácter ético, crítico y humanista. La escuela, en lugar de ser un espacio de emancipación, se convierte en una “fábrica” donde predominan las largas jornadas, la presión burocrática y la lógica neoliberal que concibe a estudiantes y docentes como piezas de una maquinaria tecnócrata.

Reflexionar sobre la despedagogización implica reconocer que la educación no puede reducirse a estadísticas, informes o competencias laborales. Su finalidad última debe ser la formación integral del ser humano, con sentido crítico, dignidad y compromiso ciudadano.

En definitiva, repensar la educación dominicana exige devolverle su carácter pedagógico, humanista y liberador. Solo así se podrá resistir a la tentación de un sistema educativo domesticador y, en cambio, apostar por un proyecto que coloque en el centro a las familias, a los docentes y, sobre todo, a los estudiantes, como protagonistas de su propio proceso de aprendizaje y de construcción social.

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