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Democracia interna en el PRM: Un proceso que no puede esperar

La reestructuración 2026-2030 pone a prueba la madurez institucional del partido de gobierno y su capacidad para gestionar el poder sin fracturar la unidad.

Hay momentos en la vida de un partido político en los que el modo en que resuelve sus disputas internas dice más sobre su futuro que cualquier victoria electoral. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) atraviesa uno de esos momentos. La reestructuración organizativa que debe completar antes de concluido el mes de agosto, momento en el que los candidatos presidenciales están llamados a inicial la conformación de sus estructuras políticas con miras a las elecciones internas de 2027 donde se escogerá al candidato presidencial de la organización de gobierno y demás candidaturas.

Este proceso no es un mero trámite burocrático: es una prueba de fuego para su cohesión, su legitimidad y su capacidad de gobernar a largo plazo.

La Comisión Nacional de Consensos (CNC), creada para presidir este proceso, ha emitido la Circular 03-26 con un mandato claro: privilegiar el diálogo y los acuerdos en la escogencia de las nuevas autoridades territoriales y nacionales. La iniciativa es loable. Cuando un partido con décadas de historia, primero en el viejo partido y luego como PRM y miles de cuadros activos opta por la negociación antes que, por la confrontación, está eligiendo el camino más difícil y, al mismo tiempo, el más sabio.

Los requisitos establecidos por la Circular reflejan un esfuerzo serio por elevar la calidad del liderazgo interno: aval de al menos el 15 % de la estructura territorial, captación acreditada de nuevos militantes, certificación de ausencia de antecedentes penales y participación activa en los procesos electorales recientes. Son exigencias que apuntan a una dirección correcta: un partido que se da estándares a sí mismo tiene más posibilidades de mantenerse unido y de ser creíble ante la ciudadanía.

“La democracia interna no debilita a los partidos; los fortalece. Y cuando se gestiona con madurez política, sus resultados son aceptados por todos los actores.”

Sin embargo, la política dominicana como cualquier política real no opera en escenarios ideales. En numerosas demarcaciones, el PRM cuenta con varios liderazgos simultáneos, cada uno con arraigo propio, red de relaciones y respaldo militante genuino. Pretender que en todos esos casos surgirá un consenso natural sería negar la naturaleza misma de la competencia política. Forzar acuerdos donde no existen termina generando una paz aparente que tarde o temprano estalla, generalmente en el peor momento: durante una campaña o en plena gestión de gobierno.

Una salida democrática, no una escapatoria

Es en este punto donde cobra fuerza una propuesta que merece ser debatida con seriedad: la convocatoria de convenciones de delegados en aquellos territorios donde el consenso resulte inviable. Un cuerpo de aproximadamente 75 delegados con derecho a voto representativo de la militancia organizada ofrece una vía ordenada, transparente y legítima para resolver las disputas sin necesidad de imposiciones desde arriba ni de fracturas visibles.

Esta propuesta no contradice el espíritu de la CNC ni desafía a la dirección nacional del partido. La complementa. Es la diferencia entre una institución que administra sus tensiones y una que las reprime. El mecanismo de delegados permite que cada aspirante mida su respaldo real, que los resultados sean aceptados porque emergen de un proceso reconocido como justo, y que quienes pierdan tengan razón para mantenerse dentro de la estructura en lugar de convertirse en focos de disidencia.

El reloj electoral ya está en marcha

El PRM no tiene el lujo del tiempo. A partir de agosto próximo, los aspirantes presidenciales comenzarán a recorrer el país, construyendo alianzas y movilizando bases. Ese movimiento natural del sistema político dominicano convierte la reestructuración interna en un asunto urgente: si el partido llega a esa fase con una dirección cuestionada, territorios fragmentados o liderazgos resentidos, la maquinaria electoral funcionará a media marcha.

Por el contrario, un partido que sale de su proceso de reestructuración con una dirigencia renovada, legitimada por sus propias bases y cohesionada en torno a reglas claras, será un actor político mucho más competitivo. Esa legitimidad no se compra ni se decreta: se gana en procesos internos que la militancia perciba como propios.

La fórmula del equilibrio

El desafío real del PRM en los próximos meses puede sintetizarse en una fórmula simple: consenso donde sea posible, convención donde sea necesario. Esta no es una concesión a la división; es el reconocimiento adulto de que la unidad duradera no se impone, se construye. Los partidos que han logrado perdurar en el tiempo son aquellos que desarrollaron mecanismos internos para procesar sus conflictos sin destruirse.

La historia política dominicana está llena de partidos que se desgastaron por no aprender esa lección. El PRM tiene hoy la oportunidad, y la responsabilidad, de escribir un capítulo diferente.

Sobre el autor: Juan Carlos Tejada es analista político y columnista de opinión, CEO de Palma Multimedios Digitales, Palma FM Digita y el periódico de alcance nacional e internacional Quinto Poder RD, Sus análisis se centran en la institucionalidad partidária y los procesos democráticos en República Dominicana.

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